A través de todos estos años la tercera parte de la adolescencia, la que va de los dieciséis a los veintiuno aproximadamente– no sé si me cautiva más su agudeza para captar lo auténtico, o si lo que más me sobrecoge son las veces en que caen en un asombroso aburrimiento.
Casi siempre la situación de muchos jóvenes adolescentes depende de cómo se enfrenten con la verdad y el bien. Es decir, que su problema es qué tienen en la cabeza y por qué se mueven. Si ellos aciertan en el descubrimiento de la verdad y en los secretos del amor verdadero, metiéndolos en su vida diaria, estarán en condiciones de escapar a la mediocridad y vivir una vida más plena.
Los seres humanos tenemos tres aspectos dinámicos en nuestro ser tres dimensiones activas que son: la inteligencia, la voluntad y la afectividad, las cuales se encuentran muy unidas de tal manera que si la inteligencia está oscurecida, la voluntad se ciega y la afectividad se desata sin control. Las dos primeras son las facultades superiores del hombre y están llamadas a ejercer el control de nuestro ser y la afectividad se esclarece en función de ellas. Es por ello que puede suceder que no sintamos lo que querríamos sentir, estar triste cuando realmente queremos estar alegres, sentir dolores verdaderos por bienes falsos; como lo que le sucede a una adolescente que rompe con su enamorado por que no le hace ningún bien y sufre de verdad pero por un bien falso. Nosotros somos los responsables de nuestros afectos, porque otorgamos a la realidad, a las cosas, a las personas, la capacidad de fascinarnos, de repelarnos o de aterrorizarnos. Quedando claro que si en nuestros sentimientos intervienen la inteligencia y voluntad entonces dependen éstos, de los criterios y valoraciones que tengamos en la cabeza y de los hábitos que tengamos en la voluntad, para sentir como sentimos. Por ello es preciso para un adecuado control de la afectividad y para que esta se enriquezca hay que contemplar la verdad, pensar y decidir correctamente con libertad y responsabilidad y tratar de ejercitarnos en obrar de modo coherente en todo momento. Hoy se piensa poco, la voluntad por su parte está menos fortalecida y entonces la acción está dirigida en gran parte a los sentimientos.Como se sabe los sentimientos humanos son muy variados y complejos, se suele sentir: el amor, el odio, la alegría, la tristeza y la aversión, el temor, la ira, etc. Sin embargo sobre el sentimiento no se asienta una vida, sino empezamos a vivir “según como uno se siente” y eso se transmite a los que viven a nuestro alrededor. Es importante ayudar a los hijos a conocer esta dimensión humana de la afectividad para ponerse en condiciones de dirigirla adecuadamente para que juegue a favor y no en contra. Y para ello:
Importa mucho conocernos, cada uno es un quién irrepetible. Frente a una misma situación dos personas reaccionan diferente a lo mejor una siente tristeza y otra puede sentir rabia y ello porque los sentimientos no sólo dependen del temperamento ya que las personas que han vivido algunos años acompañan a este las experiencias, los hábitos, las convicciones, las costumbres y modos de pensar.
Evidentemente uno de los medios educativos más adecuados es incidir en las facultades superiores del educando, de su hijo. Ayudarle a aclararse en el bien (qué es el bien y qué el mal verdadero, orientándole de manera que se alegre con los bienes verdaderos y deje de sufrir por bienes falsos, y que en cambio sepa entristecerse por males auténticos y no por aquellos que los consideramos como tales. Y que vea en los padres ejemplo de vida y coherencia con sus creencias.
Debemos tener mucho optimismo y ser constantes, a pesar de encontrar en los hijos una fuerte resistencia a pensar. Sin embargo lo que vale cuesta por lo que tenemos que ir contracorriente y educar la afectividad empezando por meter la razón y la voluntad en los sentimientos, emociones y pasiones y esto conlleva esfuerzo.
Si se renuncia a pensar, nos condenamos a quedarnos en la oscuridad, a no alcanzar la verdad de nosotros mismos y de las cosas que nos rodean. Nos dejamos atrapar por las prisas y el trajinar de nuestros días que hace difícil detenerse y pensar.
Razón y voluntad van de la mano, porque hay personas que saben que tienen que hacer y sin embargo no existe fuerza humana en el mundo que pueda obligar a su voluntad a que quiera y se decida a hacer eso que tiene que hacer, por ello se necesita fortalecer la voluntad con hábitos firmes para que sea capaz de adherirse al bien que la inteligencia le presenta como verdadero.
La afectividad es necesaria pero es importante darle su lugar.
La afectividad es una dimensión operativa humana que junto con la inteligencia y la voluntad constituyen la vida del hombre.
Es muy significativo en la educación de la afectividad atender la capacidad de amar que no es mero sentimiento, amar es la capacidad más grande que tiene todo ser humano y sin embargo no es fácil: exige saber contemplar (saber mirar con profundidad), saber mirar el mundo, las cosas, los hechos y las personas que a uno le rodean con otros ojos, aquellos que llenos de profundidad y cariño, saben encontrar lo mejor de cada quién y de cada cosa (no centrase en el problema ir más allá). Esta capacidad requiere una continua repetición hasta que se forme el hábito y luego continuar ejercitándolo, porque en este tema si no se avanza se retrocede.
Para aprender a amar se precisa saber contemplar, contemplación y amor van juntos, como sabiduría y donación, acuérdense de cómo se miraban cuando eran enamorados, cómo miraron a su hijo recién nacido; en este nivel no hay cabida para el aburrimiento, porque este sentimiento surge como expresión del egoísmo, que es lo contrario al amor y si no pregúntense ¿Qué hay más aburrido que quedarse en uno mismo?
No hay nada más grande que el amor y no hay nada más humano que entender y amar.
No hay nada más grande que el amor y no hay nada más humano que entender y amar.
PRIMERA PARTE:
LA EDUCACIÓN DE LOS SENTIMIENTOS
I
¿SE JUSTIFICA LA EDUCACIÓN DE LOS SENTIMIENTOS?
la afectividad es todavía un ámbito poco esclarecido.
Nuestro estado afectivo lo podemos percibir directamente;pueda ser muy general, percibida inmediatamente.
Mediante esa percepción inmediata de la realidad, propia y ajena, entramos en contacto con nosotros mismos o con nuestro entorno. A través de ese primer contacto juzgamos la realidad.
Esta reorientación se lleva a cabo con las facultades humanas rectoras: la inteligencia y la voluntad.
Hoy en día, es necesaria una educación de los sentimientos, porque a menudo ellos llevan las riendas de la vida de muchas personas.
Por otra parte, desde el punto de vista pedagógico, se pueden distinguir cuatro posturas principales en torno a la educación de la afectividad.
La primera, deriva de la filosofía naturalista rousseauniana:
sostiene que los seres humanos tenemos por naturaleza buenos sentimientos
La segunda postura lo presenta la corriente intelectualista:
Para ésta no hay una educación de la afectividad por que, sostiene, la educación se reduce sólo a la enseñanza intelectual, para ser bueno y conducirse bien.
Tercer planteamiento lo presentaría la pedagogía de corte kantiana:
dice que los sentimientos personales son elementos extraños, del “desinterés” que se exige para que una acción pueda atenerse al imperativo moral y sea moralmente buena.
Otra postura es la actitud estoica:
Que consiste en tratar de hacerse invulnerable al sufrimiento y en general a cualquier sentimiento perturbador de la tranquilidad del sujeto. Se considera que ser afectado o mostrar los sentimientos es una situación vergonzosa en el ser humano.
De todas estas posturas,se hace necesaria la consideración acertada de los sentimientos; porque son propios de la naturaleza humana, en la actualidad dirigen la vida de muchas personas.
II
LA TENDENCIA AL BIEN PLACENTERO Y AL BIEN ARDUO
En el ser humano los sentimientos tienen una base orgánica, la dinámica de la afectividad involucra a las facultades sensibles.
Se trata de un proceso que empieza por los sentidos. El ser humano posee facultades cognoscitivas y apetitivas.
Las primeras son facultades muy importantes porque son posesivas de manera inmediata, a diferencia de las facultades cognoscitivas, las apetitivas no son posesivas, sino todo lo contrario: se dirigen hacia algo, o alguien, que está fuera del sujeto, son tendencias (tender = dirigirse hacia).
A modo de resumen, tenemos entonces los siguientes datos como punto de partida:
1. Los sentimientos tienen base orgánica, se asientan básicamente en las tendencias.
2. En el animal, los sentimientos surgen del conocimiento y de las tendencias exclusivamente sensibles.
3. En el hombre, en cambio, surgen de las facultades sensibles junto con la inteligencia y voluntad, así como de todo el conjunto de hábitos, experiencias, criterios, valoraciones, etc., del sujeto.
4. Los apetitos o tendencias van muy unidas al conocimiento. Se puede resumir con el principio clásico: “Nada es querido si antes no es conocido”.
5. En el animal, los apetitos sólo se despiertan por el conocimiento sensible y tienen un solo cometido: dirigir al animal a la acción práctica. Por ejemplo, hacerse con lo que apetece, pelear contra lo que se oponga a esa consecución, ya se trate del alimento, o de ir detrás de su pareja animal.
6. En el hombre, los apetitos no están a nivel exclusivamente sensible; sin embargo, las tendencias sensibles se despiertan sólo en ese nivel, en caso de que el sujeto haya renunciado a usar su inteligencia y la haya convertido únicamente en proveedora de relaciones prácticas, de índole representativo. Con todo, en esta introducción, sólo hemos puesto en relación el conocimiento con la apetición, bien
El hombre, a diferencia del animal, cuenta no sólo con conocimiento sensible, sino que además posee facultades espirituales como la inteligencia y la voluntad.
1. El apetito concupiscible:
Tendencia al bien placentero, acompañada del conocimiento. esta posesión inmaterial pone en marcha la tendencia hacia la posesión material, que conlleva ala placer.
¿Por qué es importante ese “acompañante” que es el placer?. Esa ayuda es importante, porque lo son esas operaciones que son las que hacen posible la supervivencia o conservación de la propia vida.
El placer es sólo un acompañante que facilita esas operaciones tan importantes para el ser humano.
En resumen, la tendencia concupiscible se dirige a la consecución de bienes inmediatos, sensibles, materiales, cuya posesión causa placer. Conservar la vida –propia y de la especie– es algo importante, porque sin la vida no se tienen los demás bienes.
2. La tendencia irascible:
Es la tendencia al bien arduo o difícil de alcanzar. Tiene una finalidad importante en el ser humano, y es la de ayudarle a enfrentarse con las dificultades para poder superarlas y no sucumbir frente a ellas.
Por eso necesitamos una tendencia que nos ayude a enfrentar las dificultades,para ello está la tendencia irascible, cuya manifestación directa es la agresividad que hay que regular.
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